Hígado de Vaca

Era el seis de octubre del 1997. Javier tenía 24 horas, desde su llegada en un vuelo de Cubana, a la ciudad de São Paulo. El amigo que lo recibió le había prestado 400 dólares y lo había depositado en una república de estudiantes (a Javier, no a los dólares…), la cual quedaba próxima a la Universidad de São Paulo. En Brasil le llaman repúblicas a las casas que aceptan becados universitarios. En ellas, estudiantes latinoamericanos, brasileños y de otras nacionalidades viven juntos, dividiéndose los cuartos y compartiendo los espacios comunes: salas, saletas, baños y cocina.

Algo había que almorzar ese día. O en buen cubano, era necesario matar la jugada…

Entonces Javier salió por vez primera, en São Paulo, a la calle con la intención de comprar algunos productos para el almuerzo. Un peruano que entraba a la república, en el momento en que Javier se disponía a abandonarla, le indicó el camino hasta un pequeño mercado. Lugar minúsculo, situado a dos cuadras de donde estaba hospedado. Javier entró y se dirigió hacia el departamento de carnes. Tenía 100$ en el bolsillo. Recuerdo que en la época 1,0 dolar equivalia a 1,0 real.

La carnicería era una vitrina de vídrio dentro del minimercado repleta de cortes de cuantos bichos proliferan por los campos del mundo, pero especialmente, la mayoría de los cortes de carne pertenecian a ese animalito que tanto ha aportado a la cultura carcelaria de nuestro país: la vaca. Le llamó la atención un gran hígado de vaca que reposaba a la izquierda y se cogía la esquina completa del mostrador. Nunca lo había visto en tamaño natural, parecíale una montaña de un rojo oscuro. Le indicó con el índice, en la dirección de la víscera, a un brasileño gordo que ya lo observaba a media distancia. En aquel momento Javier no hablaba ni portuñol, mucho menos portugués. El hombre se aproximó y le preguntó:

_Qué desea?
_Cuánto vale un quilo de hígado?, preguntó.
_75 centavos -le respondió el carnicero.
_75 centavos?

No puede ser -se dijo mientras el brasileño lo observaba curioso. No puede ser, es muy barato. Y para asegurarse:

_Me da un quilo.

El carnicero, a la velocidad de un trueno, le cortó un pedazo y se lo empaquetó. Él le pagó con un billete de dos reales, para estudiar el vuelto, y recibió de vuelta 1,25$.

Entonces es verdad -pensó.

Javier compró el hígado completo. Compró unas cebollas, pimientones, un litro de aceite de soja -en la época no había descubierto el de oliva extra-virgen- y dos botellas de Velho Barreiro (aguardiente brasileña). Y regresó a la república silvando una tonada de Irakere (Bacalao con pan).

Era seis de octubre del año 1997.

Cuentan los extranjeros que vivian en la república que nunca, en sus vidas, habían comido tanto hígado de vaca frito con cebollas y aguardiente, como acompañante de una celebración. Y le preguntaban a Javier -con aquella curiosidad propia de los primeros encuentros multinacionales- si en las fiestas cubanas el hígado era tan popular como acompañante de las celebraciones populares…

A la altura de la medianoche una boliviana le preguntó a Javier -ya borracho, y con la sangre de vaca corriéndole por los huequitos de las orejas:

_Javier qué conmemoras hoy, es tú cumpleaños?

Javier -consumido por el aguardiente, y quizás con buena parte de un hígado de vaca en el estómago- la miró con aquel aire conque usted -amigo lector- miraría el amanecer en un carnaval de Sagua de Tánamo, y le dijo:

_Estoy conmemorando el descubrimiento del hígado.

_Del hígado? Replicó la estudiante sin entender.

_Sí linda -le confirmó-, del hígado de vaca…

Publicado en bucaneros | Deja un comentario

Complejidad y Cebolla

Creo que cada dictado tiene su historia. Y resultaria imposible para cualquiera definir unos orígenes difusos que muchas veces se extravían en el tempo. Enmi último viaje a Cuba cierta amistad me contó lo que esa persona llamó el dictado de la Cebolla. Hace exatamente un año que tal evento aconteció y desde entonces vengo pensando sin querer en el asunto de la Cebolla, de modo que quizás mi subconsciente ha transformado lo que, según otros era una cosa, en otra. Pero lo cierto es que me parece justo llamarle como he colocado en el inicio, para darle un sabor yo diría que científico. Sin que con ello, quiero dejar claro, pretenda adjudicarme algún tipo de autoría sobre éste asunto.

En cierta medida abstracta la Cebolla representa o ejemplifica una especie de complejidad vegetal. Entendamos por complejo algo de múltiples camadas. Me parece una definición satisfactoria. La naturaleza de dichas camadas puede variar dependiendo del domínio en que nos encontremos, pero ello no nos afecta la definición anterior.

Es de se esperar que si la Cebolla tiene un dictado intrínseco, adjudicado por sabe Dios quién de nacionalidad probablemente cubana (aqui podemos caer en un problema antropológico…), ese dicharacho debe de alguna forma portar un cierto grado de complejidad.

Veamos el dictado. Dice la Cebolla:

” No llores por mí. Porque quién llora por mí, me está cortando en pedazos. “

Publicado en bucaneros | 1 Comentario

Congrí (Congrís) oriental multinacional

Cierta vez un gran amigo me invitó a una fiesta en su casa. Hacía poco que él había quedado en una confortable situación económica, y pensaba invitar a sus funcionários para uma fiesta. Y como me he labrado uma diminuta fama de cocinero entusiasta (eh, yo preferiria cheff), en aquel entonces me dijo:
– Compadre, tanto les he hablado del congrí que hace mi madre a esta gente, y ahora ella está en Cuba, y yo la verdad, no lo se hacer…
– Yo lo se hacer -le dije-. Pero te aclaro algo: el congrí que yo preparo tiene influencia española y brasileña, y outra cosa: qué tipo de frijol prefieres, porque si es negro, entonces estamos hablando de moros y cristianos.
Quiero decir que yo le meto metralla. Mí versión es una alternativa de la receta original, dopada con elementos españoles y brasileños.
– Eso no me interessa (los detalles) -me dijo el socio, que es un tipo pragmático-, lo importante es que mis funcionarios prueben el congrí oriental (la versión que sea) y se hagan una idea. Si me pudieses ayudar en eso ya me quedo satisfecho.
– Entonces está bien -le dije- y me aparecí el domingo en su casa, que era al mismo tiempo, una mansión con piscina y todo…

Al decir del gran Don Fernando Ortiz:
———————————————————–
“Congrí es vocablo venido de Haití donde a los frijoles colorados se les dice congó y al arroz riz, como en francés. Congrí es voz de creole haitiano que significa “congos con arroz”. Congrí no equivale a “moros y cristianos”, como en Cuba decimos al arroz con frijoles negros, que también parece ser plato de cocinero africano”.
———————————————————–

Para suerte mía los brasileños inventaron la Feijoada (Frijolada) que es su plato de evaporación sobre la base de frijoes negros y que, al mismo tempo, es una institución culinaria en éste país donde vivo. Lo cierto es que aquí en São Paulo podemos encontrar la feijoada en grandes latas en el supermercado. Esas latas ya contienen un excelente potaje de frijoles negros acompañado con todos los componentes de la frijolada: del chancho: las orejas, el hocico, y las patas, todo salado; así como el tocino, el tasajo y aquellas otras carnes del puerco indispensables en una feijoada.
Compré unos chorizos españoles más las especias clásicas de la península ibérica, y unos chicharrones (torresmos) a la brasileña que por su tamaño no consigues identificarlos como tales. Y con dichos ingredientes me le aparecí en la mañana del domingo a mi amigo.

Le metí la carga multinacional de ingredientes a una olla paellera que mi amigo tenía, y nunca había usado!

Com mucha paciencia y el Habana Club 7 años suelto en la cocina -era mi único pedido- le fui dando forma a aquel congrí (androide?) donde los três países: España, Brasil y Cuba se abrazaron como grandes amigos.
A la hora de servirlo mi amigo lo acompanho con un buen lechón asado ya entradito en libras, que para que… como dicen los habaneros.
Yo me mantuve en las vecindades de la cocina, cumpliendo con el propósito primordial de detonar el 7 años añejo Habana Club que el socio había descuidado en mis alrededores. Allí supe que la simbiosis “congó-riz” había sido un éxito por dos motivos: primero, la mujer de mi amigo que es brasileña y paulistana, las dos categorias poseen significados diferentes, se me acercó y me dijo: oye fulano, el que hace mi suegra ni remotamente se aproxima del tuyo… Le respondí com uma sonrisa envuelta en misterio, mientras pensé en las variadas formas que tienen las nueras de vengarse de sus suegras. Segundo: más tarde, al final de la fiesta, cuando yo ya era un cuerpo entusiasta de alegría, y para mi sorpresa outra botella Varadero, también 7 años, estaba de pie ante mis ojos inmutable y llena, el amigo: patriarca y dueño y señor de aquellos parajes, me dijo:
– Compadre, a mis funcionários les encanto tu congrí oriental, pero ahora tenemos un problema: porque, ni en los más remotos parajes del Oriente cubano, ni en las grandes ciudades, ni mi mamá ni la tuya, ni nuestros ya olvidados antepasados, ni en la capital de la isla maravillosa… nadie cocinó una cosa como esa…
Ni ellos, ni tú ni yo sabemos que cosa comimos, pero estaba rico, y deberias ponerle un nombre.

Publicado en bucaneros | 1 Comentario

Porteña

Porteña

La conocí junto a un grupo de estudiantes en el interor de un elevador. Recuerdo que éramos muchos y ella estaba en el centro. La máquina subía pisos y pisos en la beca estudiantil y aquello se parecía más a los puntos de un círculo: todos miraban hacia el centro.

Le decían la porteña porque era de Buenos Aires y según me han contado, a las bellas mujeres (no las he visto feas aun viniendo de tales praderas…) de aquella singular ciudad las llaman así.

La argentina era una flaca de estatura media, ojos azules y pelo color azabache. La nariz, donde dicen que reposa gran parte de la belleza de una mujer, era de proporciones áureas. Tenía un mirar triste como tantos personajes que he conocido de los patagónicos parajes, pero su cuerpo era una escultura donde el artista había sido un tipo sabio e modesto a la vez. Proporcionándola de tal modo que sus carnes sobresaliesen con bondad, pero sin exceso, en determinados lugares, y se escondiesen en aquellos donde las hembras se miden con insistencia mientras piensan en la fatalidad lípida del destino, y los inevitables ejercícios físicos a enfrentar.
Con el pasar del tiempo la fama de la porteña creció como la espuma. Y no había fiesta, de las tantas que se celebraban en becas, donde una tropa de pretorianos: argentinos, cubanos, colombianos, mexicanos, chilenos, venezolanos, uruguayos, bolivianos, peruanos, brasileros, paraguayos, panameños, hondureños, salvadoreños, dominicanos… no la estuviesen esperando.

Pero para desilusión colectiva, ella nunca apareció.

Y su ausencia tornaba el final de aquellas fiestas un evento triste. Las tropas multinacionales se retiraban con el semblante de la derrota en la cara.

Hasta que un día un gran amigo mío descubrió que la porteña tenía una amiga fea (no me voy a detener en la nacionalidad de la fea, ni en su descripción física. Lo feo existe pero no es el tema principal de mí cuento…). Y vino corriendo a contármelo y a pedirme consejo (en la época yo tenía fama de saber algo acerca del funcionamiento del mundo… por lo menos ya sabía que no era plano, ni redondo.). Entonces le dije lo que se me ocurrió en el momento:
-Necesitas un amigo que conquiste a la fea, para que te abra el camino.
– Podrias ser tú -me dijo-.
– Yo no -le respondí-, a mí no me interesan esos artificios para conquistar a una mujer. Además, una es muy linda para mí, y la otra lo contrario. La belleza en tal magnitud solo atrae problemas.
– Voy a ver a quien encuentro -me dijo y se marchó-.

Lo que pasó a seguir es historia. Mi amigo encontró su pala, como dicen en Santiago de Cuba, y juntos emprendieron el plan. Y lo mejor, el pala conquistó con facilidad a la amiga de la porteña, y como en teoría eran, entre ellos, mejores amigos… La porteña abrió un flanco y mi amigo conquistó su amistad.

Pero por alguna razón del destino la amistad nunca se transformó en deseo por parte de la bella argentina. Entonces mi amigo se vio en la peor, por un lado tenía la belleza próxima y por otro no conseguía tocarla. Pero además, cierta presión comenzó a aparecer entre los entusiastas, y al mismo tiempo amigos del otro. Ellos reclamaban el lugar de mí amigo en el acuerdo.
-Qué haces ahí muchacho -le decían-, retírate.

En esta situación estábamos cuando llegó el aniversario de la amiga de la porteña. Y la chica, quizás por curiosidad o porque en cierta medida había comprendido su poder, decidió celebrarlo. Y le dió rienda suelta a su enamorado para que repartiese las invitaciones. Entonces se formó la apoteosis, de suerte que las tropas querían participar en el cumpleaños de la amiga. Pero en un cuartico de beca no cabe tanta gente… Y al final fueron muchos los llamados, pero pocos los elegidos.

LLegado el día, pude verla por primera vez en la intimidad de una fiesta estudiantil, que no es poca cosa, y el espacio reducido. Y para qué decir lo que no se puede exprimir con palabras.

La verdad es que me mantuve en mi canto, en la medida en que observaba como los pretorianos se le insinuaban a la porteña. Era como el acoso de una jauría. La noche toda fue así. Yo en mi canto y ella esquivándose a lo lejos.

Rechazados, se fueron marchando unos tras los otros.

Cuando llegó el turno de irme, por decirle tan solo una palabra en medio de aquella fiesta donde ya prácticamente me había ido en blanco…, le pedí un vaso de agua. Y ella, con una sonrisa de aquellas que tienes que ir al cine para verla, me invitó a que la acompañara a la cocina. La cocina era un lugar estrecho, era como la franja de Gaza. Y allí la sentí de cerca, con todo aquel alcohol en forma de vino Malbec, que tanto ella como yo habíamos tomado, y un N°5 Chanel Paris Parfum flotando en mi nariz que casi no me dejaba respirar. Abrió el refrigerador y me preparó el agua. La sentía próxima. Me miró a los ojos con sus pupilas azules, y era como si en ellas el reflejo de la luz en los isebers de la antartica se hundiera en la humanidad de mis ojos castaños oscuros, y entonces me dijo aquello que nunca podré olvidar:

– Yo a un cubano no le niego ni un vaso de agua, ni una cogida.
– ?Pero qué significa la palabra cogida para un cubano?- le dije-. Y ella se echó a reír…

Publicado en bucaneros | 2 comentarios

Voluta de humo

Conocí al tabaco por casualidad, y mira que la casualidad es una entidad perversa que te acecha en cada esquina con algún propósito maléfico: en este caso irte matando agradablemente. Soy hijo de buenos fumadores, pero de cigarro o cigarrillos como le llaman en otras latitudes. El tabaco me llegaba como regalo de amigos que venían de Cuba, y yo lo iba acumulando en una esquina de mi cuarto, hasta que un día la nostalgia se encargó del resto.
Lo empecé a probar. Encendía una breva cuando me encontraba acompañado por la soledad. Me sentaba en un pequeño balcón que colindaba con una favela de clase elevada desde donde emitía mis volutas, y las sincronizaba mientras pensaba en los problemas de mi doctorado, que no eran pocos…
Miraba alrededor e iba quemando aquellas magníficas cajas que me recordaban mi pasado isleño, y me alertaban acerca de una belleza desconocida que hacía siglos nuestros antepasados en la isla de Cuba cultivaban.
Después le fuí cogiendo apego hasta que me conquistó.
Aparte del placer físico o místico que representa fumarse ese rollo de hojas, el tabaco me trajo otros agrados quizás más sofisticados e inesperados; como por ejemplo el disfrute de los lugares aparejados para fumar, o como les llaman en éste país: tabaquerías, de cuya sofisticación no es necesario hablar, es suficiente visitar una. Me trajo, por qué no decirlo, amigos de fumadera… sintonizados con el mismo placer anscentral de extraerle la nicotina a aquella hojita… y mientras despotricar cuanto asunto apareciese en tu frente, como si la filosofía o la política fuesen cosa de fumadores.
Pero vamos a la verdad. Ya cumplí cincuenta y he fumado muchos puros…puros frente al mar con mojitos y carne de cerdo frita o lobster a la Grillé, puros jugando Golf, puros de madrugada pensando en un problema de índole matemática, puros después de hacer el amor tal y como dicen los franceses, en realidad no se cómo lo hacen…porque la verdad es que las pocas francesas que he conocido se me han escapado…; puros preparándome para enfrentar una guagua vía azul Yutong Habana-Antilla, puros pescando en la bahia de Nipe, puros bañándome en Guardalavaca o en otra playa más al este cuyo nombre es Esmeralda, puros en los carnavales de Santiago de Cuba, y puros en San Paulo a todas las horas y todos los dias por veinte largos años…
Pensando en esto estaba cuando el médico me dijo:
-Tienes que dejar el tabaco, porque sino a la vuelta de veinte años o menos te saldra un cáncer.
– Un cáncer dónde ?-le dije-.
– En cualquier parte -me respondió-.
– No lo voy a dejar y tengo una razón irrefutable.
-Sí, cúal?
-Apenas lo deje…, viene otro tipo más saludable y con más postura que yo…, y lo coge.

Publicado en bucaneros | 3 comentarios

Antes de conocer ?

Antes de conocer ?, quiero ir a París y allí comerme un Boeuf Bourgignon o unos Les escargots de Bourgogne, mientras disfruto a lo lejos la majestuosa torre Eiffel tocando el cielo con su acero puntiagudo y diciéndonos, al mismo tiempo, que la tecnología también puede crear maravillas; a la par que bebo un Châteaux Lafite Rothschild barato, acompañado de una minúscula cuña de Roquefort etiqueta azul.
Quiero volver a España, una y mil veces, siempre antes de visitar ?, y recorrerla desde La Andalucía medieval hasta El país Vasco en aquel tren rápido, AVE, tomando un buen vino de la Rioja, y sin olvidarme, claro, de, en cada viaje a la península ibérica, visitar La Casa Botín en el madrid de los Austrias y hartarme con el cochinillo asado más famoso del mundo.
Me gustaría peregrinar al santuario de Fátima llevando un vino Ruby de Oporto en el bolsillo, y comerme por allí cerca aquel Pulpo à Lagareiro. Y admirar al Portugal oceánico que me ha fascinado desde joven a través de sus incontables aventuras de navegantes como Fernando de Magallanes o Vasco de Gama; y que he tenido la oportunidad de apreciar gracias a su excolonia más famosa y pintoresca: Brasil.
En fin: después de mil vidas viajando por otros rincones de un mundo injusto y desigual, ya muerto y resucitado incontables veces, a ? le dedicaría las horas necesarias para coger un ferry rumbo a la Habana.

Publicado en bucaneros | 2 comentarios

Botella

Siempre pensé que el acto de coger botella en mí país era un ritual medio sagrado, porque de alguna forma era una especie de iniciación, ya que nunca se sabía el tipo de aventura que te tenía reservado.

Llevaba aproximadamente una hora frente a la plaza Antonio Maceo cuando apareció el jeep Aro; o un Arito como le llamaban cariñosamente los santiagueros. Era final de semana y quería ir para la casa de mís padres al otro lado de la isla, en la costa norte. Me monté rápido y me acomodé en el banco lateral del lado del chofer. La cama del jeep tenía tres bancos: dos laterales en la dirección de las barandas y otro que acompañaba la cabina. En éste ya estaban sentadas dos personas: un policía a la izquierda y una muchacha muy joven a su lado. Acto seguido el carro arrancó y en medio del empuje inercial que nos trasmitió a todos, nos saludamos.

Quisiera recordarme, ya pasados algunos años, de aquella carretera que sale de Santiago de Cuba. Pero la verdad es que existía una conversación en curso entre el policía y la adolescente, levemente interrumpida por el acto altruista del chofer al ofrecerme botella, y que continuó apenas el auto retomó su movimiento.
_ Yo tenía que seguirlo hasta Cienfuegos -dijo ella mientras acariciaba con su mano izquierda la carcasa de un gran ventilador nuevo-.
Entretanto el policía le prestaba atención. Y yo, aunque intentaba disimular, no tenía como evitar aquel discurso que la joven continuo de la siguiente manera:
_ Imagínese era un primer oficial de un barco mercante griego. Me lo encontré de casualidad en el parque Céspedez. Y antes de que la policía pudiese impedirlo ya estábamos almorzando en un paladar. Era un hombre bueno, que me dió muchas cosas… pero el barco seguía para Cienfuegos y yo tuve que irme también. En Cienfuegos fue muy difícil encontrarme con él. La policía perseguía a las gineteras y te trancaba en una estación para en la primera deportarte a tu provincia de origen.

La muchacha hizo un receso como para tomar aire mientras el carro ganaba kilómetros y se aproximaba de Palma Soriano, donde al parecer se quedaba el policía. Yo para mís adentros me preguntaba cómo ella le contaba tales aventuras a un hombre de la autoridad.
_ Yo supe esconderme en un vestido de pobrecita y gracias a eso pude evitar que me cogieran. Y gracias, claro, a otras personas que me ayudaron lo pude ver y quedar con él los dos días que el barco permaneció en Cienfuegos. Y me dio muchas ropas y éste ventilador que le llevo a mi madre, y dinero… la verdad es que era un hombre bueno aquel oficial -concluyó la chica-.
_ Y tus padres saben que te dedicas a eso? -preguntó el policía cuando ya estábamos en la entrada de Palma Soriano-.
_ Naaaaaaa, yo nunca les he dicho nada. Pero vivo con mí madre. A mi padre hace años que no lo veo.

El carro paró en el entronque y el policía se bajó no sin antes despedirse de nosotros. Les dio las gracias al chofer y salió caminando en la dirección de la otra parada. Nuestro jeep continuó su percurso. Yo quedé pensativo entre la historia que acababa de escuchar y la belleza de aquella carretera que conecta a Santiago de Cuba con Holguín. Meditaba en estas cosas cuando percibí que el carro disminuía su marcha. La chica ya se preparaba para bajarse y con cuidado para no caerse agarraba cada uno de los innumerables paquetes a su alrededor. Me paré y la ayudé con el equipaje.

El carro se detuvo a orilla de la carretera.

Una vez ella en el suelo le fuí dando uno tras otros sus maletines. No recuerdo el por qué le dije si no era arriesgado contarle sus peripecias a un policía… Ella me mostró una sonrisa que yo hasta el momento no había podido notar. Y que sin lugar a dudas el primer oficial del barco griego la habría cambiado, -la sonrisa de aquella joven cubana-, por toda la carga de su mercante; y me dijo:

_ Qué bobito eres!!. Ese policía de estos lugares es un infeliz. Los verdaderos y peligrosos policías usan esas camisas a cuadros de colores que tu llevas. Tú si pareces un policía, y a tí si que te tengo miedo, pero a aquel guarapito… jajajajajaja, jamás.

Publicado en bucaneros, segurosos | 2 comentarios